jueves, 31 de julio de 2014

Crónicas cariocas VIII

¿Qué hago cuando no tengo ganas de entrenar? Entreno igual. ¿Por qué? Bueno, no tiene mucha lógica, pero suelo pensar “hace tres años y medio que vengo cumpliendo el plan de entrenamiento sin faltar un día ¿justo hoy voy a cortar la racha?”
Hoy precisamente no faltaron ganas, pero si hubo fiaca. No pude arrancar de una a la mañana porque tenía que despachar algo de trabajo con la computadora y eso me hizo estirar la salida del primer turno. Acá oscurece temprano, antes de las seis, y esperando a Ezequiel salimos con los últimos rayos de sol, lo cual también me quita un poco de energía.
Vereda de San Francisco
Pero así como la inercia lleva de un paso a otro en el trote, un entrenamiento lleva a otro. Además de que ya he comprobando empíricamente en cientos de oportunidades que una vez hecho el primer paso, todo mejora. Hoy no fue la excepción, por la mañana el clima era estupendo, ya en la vereda, moviendo un poco antes de salir a trotar, el sol se sentía fuerte. A los pocos minutos pude sacarme la remera y disfrutar la mañana en la piel, bordeando la playa San Francisco con unos 27° no fui tan suelto pero tampoco lento y se terminó saboreando el calor en el cuerpo.
Por la tarde empecé temprano con un poco de ejercicios equilibrio para despertar el cuerpo de la siesta, tocaba una hora con un poco de arena y con el atardecer en sus últimos suspiros salimos nuevamente para San Francisco pero esta vez a pisar cerca del agua. Empecé lento, llevado por la inercia del otro, pero poco a poco la calma de la noche que empezaba, la música brasilera que venía de los bares de la costa, las olas que serenaban todo con su ruido, la charla, la compañía, hicieron que la hora se pase al trote, que se transforme en un paseo por la noche costera.

Corro porque me hace feliz, las pocas veces que no tengo ganas de entrenar pongo en un plato de la balanza la pereza que me invita a quedarme en casa y en el otro la energía que necesito generar para romper la inercia y empezar a correr, hasta ahora siempre ha pesado más la energía y he hecho un buen trueque; siempre vuelvo con más energía de la que necesité para salir, y logro una vez más conectarme con el cuerpo y el espíritu, en resumen: siendo feliz.

miércoles, 30 de julio de 2014

Crónicas cariocas VII

Yo, Laurenio, Edson y Auderi
Y un día regresé a la pista de la pista UFF, como hace un año volvimos a girar sobre el ovalo de carbonilla, con la Bahía de Guanabara como testigo. Volví a reencontrarme con viejos amigos como el gran Laurenio Bezerra, a quien tuve la suerte de conocer ya el año pasado y desde el primer momento me recibió con su generosa sonrisa, enorme corredor con marca de 2 horas 11 minutos en maratón, también estaba Edson que a solo tres días de lograr su mejor marca en media maratón (1 hora 22’, relatado en primera persona) y con un ojo menos por la conjuntivitis, ya estaba girando nuevamente en la pista. También se sumaron varios nuevos alumnos de Ezequiel y realmente todos me hicieron sentir como si no estuviese a tres mil kilómetros de mi casa.
Por la mañana había tenido descanso y relax en la playa, caminado sin prisa entre el sol y la arena, así que estaba listo para mover un poco las piernas, fueron diez pasadas de seiscientos como para despuntar el vicio de acelerar en tierra brasilera. Un movida seguidas de tres un poco más suaves. La noche ya reinaba sobre el predio y las tímidas luces de la pista dejaban ver las estrellas. La sensación fue buena, pude controlar el esfuerzo, sintiendo que siempre quedaba un plus, una reserva de emergencia, y aproveché esa comodidad que da no ir al límite para enfocarme en moverme suelto, sin forzar, dejando que fluya lo mejor posible. Poder correr a las ocho de la noche la última tirada sin remera es algo difícil de lograr hoy en día por mis pagos, acá pude darme el gusto.

Ya una semana de entrenamiento en Niterói, todos los días corridos, todos los días disfrutados. Sumando alegrías y kilómetros. En la entrada en calor hablábamos con Edson de cómo pude cambiarte la vida hacer un deporte, hoy hablo de este que es el que estoy practicando, pero he hecho muchos y todos tienen su hermosura. Quizás correr tenga un lado muy social, es muy fácil entablar relaciones, conocer gente de muy diversos niveles; sociales, deportivos, espirituales. Realmente es insoldable el lugar a donde nos puede llevar correr, no solo literalmente sumando nuestros pasos por casi cualquier terreno, sino en la vida; hace cuatro años estaba sentado frente al cirujano plástico consultando por una liposucción, hoy estoy sentado frente a la computadora contándoles que me vivo cuando corro. ¿Paso mucho en el medio no? Algo, muy poquito, quedó escrito en este blog esperando ustedes lo disfruten; el resto, mucho más, quedo escrito en mi corazón pisada tras pisada.

martes, 29 de julio de 2014

Crónicas cariocas VI

Con la entrada a la Bahía de Guanabara a mis espaldas
La playa a la derecha, los morros a la izquierda, pasan las playas, pasan los morros, primero quedó atrás San Francisco, luego Charitas, más tarde Jurujuba, las dos pequeñas playitas de Adán y Eva, vamos bordeando toda la bahía de Guanabara camino al fuerte que vigila su entrada. Me acompaña Ezequiel, aún se siente un poco las cuestas de ayer pero no es grave, se avanza, el sol por fin salió y las postales se van sucediendo unas tras otras, antes de que me dé cuenta ya estamos llegando, lo recordaba más lejano de mi anterior viaje. Y llegamos, el Pan de Azúcar en la otra punta de la entrada a la bahía, a solo 1.600 metros, parece muy cerca, como la proa de un barco que lleva a todo Río de Janeiro a bordo. Ya de regreso los pasos se van soltando más, la mañana brilla fuerte, las playas vuelven a desfilar radiantes. 
Sigo los últimos minutos solos, entro en la estrada Froes, me siento en el punto justo entre cansancio y disfrute. Hasta que termino la hora y cuarto de trote en el Team de Ezequiel, allí también están Sole y Phillipe y varios alumnos. Ese placer inexplicable que se siente apenas terminar un entrenamiento me recorre todo el cuerpo.
Desde la playa el mar me observa como invitándome, no hay casi olas, el sol pega pleno, si bien el calor no es abrazador, estoy bañado en transpiración y tengo todo el calor que necesito por dentro. Me meto hasta la cintura, es casi una pileta salada, las piernas lo agradecen, se aflojan, se relajan. La sensación de plenitud está en la piel. El leve vaivén del mar me acaricia. Salgo a buscar a Phillipe y lo entro a caballito. Doy postal padre de vacaciones. Y luego salgo para que todos volvamos al departamento, es media mañana pero parece que ya está el día ganado.

A la tarde toca descanso, mañana vamos a la pista y sospecho que se va a necesitar la tarde libre de hoy. Es un muy buen plan disfrutar de mi novela favorita, El retrato de Dorian Gray, esta vez en idioma original, si alguien quiere recordar un personaje literario por siempre, o se lee mil cuatrocientas páginas y se enamora del Quijote o le hacemos precio y por solo doscientos cincuenta sin duda va a quedar atrapado para siempre con el encantador Dorian Gray. 

lunes, 28 de julio de 2014

Crónicas cariocas V

Hoy corrí la carrera de ayer varias veces, eso pasa siempre luego de un linda competencia, queda dando vueltas en la cabeza, que podría haber sido, que no. En frío salen algunas reflexiones, quizás la más importante es que debo haber sido el más gordo de los 30 primeros ayer, así que o me sumo a la lucha por los derechos del obeso o si quiero seguir mejorando hay que pulir bastante la dieta, no tanto en calidad como en cantidad, aunque muchas veces van de la mano. También rescato que más allá de la bronca de no conseguir lo que fui a buscar igual lo disfruté y me carga de energía para volver el año que viene a intentarlo nuevamente. Y la rueda sigue girando.
Pero también ya es parte del pasado y hoy es otro día, hay que volver a ponerse a ritmo y aprovechar los días para entrenar bien acá, a la mañana salió un regenerativo en el que me hallé bien suelto, disfrutando de la playa, sin dolores y sintiéndome ágil. Con una muy buena siesta de por medio a la tarde estaba listo para las cuestas que tocaban de segundo turno. Acá las cuestas realmente cuestan; ya cuestan verlas por los empinadas, luego cuesta subirlas, cuesta levantar los pies para que sea corriendo y no caminando y cuesta bajarlas porque si te soltás mucho podes ir a parar al piso y ahí va a costar mucho volver caminando a casa. A eso le sumamos que salí con mi entrenador y él también tenía ganas de correr, por lo que las cuestas costaron más todavía, pero también se disfrutaron más, obviamente me gusta correr con un acompañante que me exija parejo y más si es un amigo. Fue un muy buen inicio de semana, vienen muy lindos entrenamientos y quisiera aprovechar todos de esa manera.
Niterói, la ciudad donde me estoy quedando tiene un par de particularidades interesantes, es la única en Brasil fundada por un indígena, durante el periodo en que el estado de Río de Janeiro fue divido en dos (Río de Janeiro y Guanabara), Niterói fui la capital del estado de Río de Janeiro allá por el siglo XIX. Hoy es una ciudad de medio millón de habitantes, tranquila, volcada sobre la playa, sin mucho ruido y con alma de ciudad chica. Estupenda para entrenar, por lo menos corriendo, en bicicleta se complica un poco por el tráfico. Su emblema es el edificio del Museo de Arte Contemporaneo (MAC), diseñado por el gran arquitecto brasilero del movimiento moderno, Oscar Niemeyer, sin duda es hermoso tanto de día como de noche. No es una ciudad turística, con Río al lado el público se dirige allí, eso le da una paz que los habitantes aprovechan.

Mis días acá son igual de tranquilos, con el entrenamiento como eje de la actividad, disfruto conviviendo con los Morales y salir a correr con este benévolo clima se hace muy fácil. Todo fluye y como suele decirse a veces, hay que relajarse y gozar. 

domingo, 27 de julio de 2014

Crónicas cariocas IV

¿Dónde está Wally?
Apretado, sudado, pisoteado, sin saber que dicen ni cuanto falta. Así me encontraba instantes antes de largar. Pero también buscando enfocarme y serenarme sin bajar mucho la excitación, encontrar el equilibrio interno.
Sin anticiparlo, sin cuenta previa, unas cornetas suenan y la marea de gente se revuelve, me empujan y empujo, esquivo y a los pocos metros ya vamos libres. Busco la punta, no está muy lejos, trato de de no perder contacto, de ir suelto y movido. Se empieza a afinar el pelotón, intento no quedar encajonado detrás de los que van quedando relegados, enfocado en seguir siempre conectado con el primer grupo. De a poco veo cada vez menos gente delante, pasamos el primer kilómetro y no quiero mirar el reloj porque sé que el tiempo puede doler, sólo hay que mirar la punta, la nuca del que me marca el paso.
Cada vez más fino el grupo, ahora sólo son tres delante de mí, dos con la remera del mismo club, y otro que va marcando levemente el ritmo. Pienso solamente en aguantar ese grupo, es el grupo del podio, con ellos ya estoy adentro. El que marcaba el ritmo empieza a abrir levemente. Se acerca el segundo parcial y voy muy justo, sigo buscando resistir suelto esperando que el ritmo afloje un poco. Escucho pasos cerca, pero no miró para atrás, la carrera está adelante.
El momento en que me quedo solito...
Dejamos atrás el segundo kilómetro y el ritmo sigue muy firme, llegamos a una curva bien amplia a la derecha, por la avenida de cinco carriles el puntero se abre a la izquierda, de los compañeros de equipo uno lo sigue, el otro queda conmigo pero me abre un metro, dudo detrás de quien ponerme, por otro lado ninguno se acerca a la parte interna de la curva. La dispersión del grupo me da la sensación de quedar solo, expuesto, cada paso cuesta seguir pegado, la brecha se estira un poco más, intento tímidamente buscar el interior de la curva para ver si puedo acortar pero igual se alejan, con la respiración muy exigida sé que si se van se va el podio, que detrás de mí están todos muy cerca para alcanzarme, que si aguanto un poco más quizás se serene, que posiblemente solo es un cambio de ritmo corto, sé que viajé para estar en ese lugar, en ese momento y superarlo. Sé todo eso pero no puedo achicar, llega un momento invisible en que la desconexión se logra y ahí todo se desmorona. Me pasan algunos, no puedo conectarlos, me enojo, me decepciono; quiero pero no puedo.
Intento mantenerme suelto a pesar de sentirme lento, nos vamos acercando al retome en U, desde allí solo es desandar lo andado por la otra mano de la avenida. Ya varios me han pasado, pierdo la cuenta, me desenfoco, nunca vi el cartel del tercer kilómetro. Es muy difícil correr pensando que no tiene sentido.
Pero después de girar me acomodo, conecto a dos que iban delante de mí. Me estabilizo detrás de ellos, ya no estoy tan mal, me olvido un poco del puesto y me enfoco en el presente, voy bien detrás de ellos. Algo antes del cuarto parcial uno tímidamente busca, yo me siento mejor, puedo intentar yo también, cruzando el cartel del kilómetro cuatro salgo a buscar más adelante, ninguno de los dos me sigue, intento soltarme, falta poco, vamos a correr.
La punta nunca se fue lejos, solo que cuando me cortaron la perdí de foco, pero ahora la sigo viendo, van todos cerca, en una fila india con 20 o 30 metros entre cada uno. Diviso al quinto, no está lejos, menos de cien metros, ahí está el podio, hay que buscarlo, aún no se terminó nada, todos seguimos corriendo, estoy cansado pero calculo que todos lo estamos; hay que averiguar quién está más cansado. Veo que achico, aunque sea un poco me acerco, en el medio hay otro atleta, voy séptimo. Pero de golpe siento unos pasos muy cercanos y no van delante de mí, estamos llegando a una amplia curva a la derecha y alguien busca pasarme por dentro. Mi atención ahora está atrás, cierro la cuerda y me pongo a su espalda, no viene tan rápido como para cortarme. Entramos a la recta final, los veo a todos, desde el primero hasta mi nuevo compañero, todos estamos cerca, vamos corriendo en perfecta línea justo por el medio de la calle, evitando las zonas más húmedas de los laterales. Todos estamos ahí, a pocos metros, pero cada hueco es un pequeño abismo.
Mi compañero presenta unos cambios de ritmo, los primeros los controlo, pero en uno logra abrir un metro, ya el podio no está en la discusión, ahora solo peleamos un puesto más entre miles, nada va a cambiar; séptimo, octavo ¿Qué diferencia hay? Por un momento creo eso.
Abajo de verde el sexto, yo intentado despegarme
Pero me gusta correr, y no me gusta que me ganen. Suelto lo que queda y me pongo a la par, el arco se ve claro, faltaran 300 o 400 metros, ya es hora de gastar lo último, levanto las rodillas, solo miro la llegada, al principio pienso en el otro, en si me sigue, pero luego solo pienso en mí, en que tan rápido puedo correr en ese instante, quiero exigirme cada paso más, no va a cambiar ningún puesto, pero me da felicidad, ya todo termina, por momentos me sentí muy mal, no solo físicamente, sino anímicamente, al ver como mi sueño se iba, pero estoy en carrera y la llegada me espera, son los últimos metros, los quiero disfrutar, abro los brazos, por un instante recuerdo a mi perseguidor y miro hacia atrás, pero no hay peligro, el momento es todo mío, levanto los ojos al nublado cielo carioca y una sonrisa me ilumina la gris mañana, escucho “Gustavo Ezequiel” por los altoparlantes, algo más dice pero no lo entiendo, el arco está ahí esperándome, apretó los puños y exprimo las últimas gotas de alegría.

No hubo cinta al cruzar la línea, no hubo podio, pero dejé todo, un brazo se me acerca, es Diego Winitzky que apreta mi mano, tiene fuerza, y yo estoy cansado, ahora cuesta caminar. Lo veo a Ezequiel, ambos sabemos que faltaron dos puestos, me muestra la foto, el primero llego a menos de cien metros, estaba todo ahí, faltó muy poco para alcanzarlo. A veces más cerca, a veces más lejos, pero siempre hay algo adelante para seguir buscando, en la búsqueda de eso que nunca termina de definirse, encuentro la felicidad. 

sábado, 26 de julio de 2014

Crónicas cariocas III

#adoptaruncorredor
Ya está todo hecho, solo queda correr. En realidad esta vez no es tan así, el semestre recién empieza para mí y no hay mucho hecho aún, pero igual ahora solo puedo correr. Mañana largo los 6k Family run, es una carrera que forma parte de la Maratona do Río de Janeiro, la prueba de Filipides de la cidade maravilhosa y los 42.195 metros más importantes de Brasil. Las tres distancias que se largan mañana; 42, 21 y 6 kilómetros ya agotaron cupos hace tiempo, las dos pruebas más largas auspician un gran nivel con el incentivo de 100.000 dólares en premio a repartir entre los más rápidos. El clima promete ser más propicio para correr que para observar; levemente fresco y nublado, será benévolo principalmente con los maratonianos. Este año la organización promueve una interesante y feliz idea, #adoptaruncorredor, que consiste en contactar a personas que quieran alojar gratuitamente con atletas que viajen a Río para correr, aunque hay que reconocer que la familia Morales fue pionera en la idea conmigo el año pasado.
EzkTeam en Maratona do Río 2013
El equipo de mi entrenador Ezequiel Morales, el EzkTeam, también mejoró mucho del año pasado a este, ahora contará con un gazebo totalmente equipado en la llegada (masajista incluido) y más de treinta alumnos largaremos en las tres distancias. Será una muy buena oportunidad para reencontrarse con muchos conocidos del año pasado y compartir las vivencias de la competencia.
Por mi parte el objetivo no es muy distinto al del año pasado, lograr llegar entre los cinco primeros para subirme al podio. La edición anterior entré justo en el quinto escalón. Eso inevitablemente genera una pequeña presión extra de repetir lo ya hecho, pero otro lado me da la confianza de saber que es posible, que hay que salir a buscarlo. También sumo la experiencia de saber cómo posiblemente se planteará la carrera, con un ritmo muy fuerte de entrada, donde no hay que quedar descolocado, para poder estar en el pelotón de punta cuando la carrera se ponga a velocidad crucero después del segundo kilómetro, buscando ir acompañado dentro de los primeros puestos, guardando pólvora para el sprint final. Si bien llego con un poco de rodaje menos que el invierno pasado por haber estirado más la temporada de otoño, tengo a favor que en general estoy mejor que hace doce meses. Más allá de todos los cálculos mañana hay que lograr que de los miles que largan como mucho haya cuatro que crucen la línea antes que yo, lo cual es muy difícil de pronosticar mirando el plan de entrenamiento.

Antes de que den las seis estaremos saliendo rumbo a Río, cruzando el puente Río-Niterói, sería un buen homenaje a los 800 trabajadores que hace 50 años murieron a lo largo de la construcción de esta obra que reduce el trayecto que lleva por tierra 100 kilómetros a solo 13, y volver a cruzarlo al regreso con un trofeo en los brazos, y si no al menos con una gran sonrisa en el rostro. 

viernes, 25 de julio de 2014

Crónicas cariocas II

Se escucha movimiento, una bici que rueda, unos pasos que andan, un chiquito que se levanta. Con apenas un ojo abierto busco el celular, son las siete de la mañana y quiero comprobar si hay señal de wifi, abro la aplicación del clima en Lobos; 2°, siento frío, pero recuerdo que acá hacen más de 20, que Eze está haciendo bici en el rodillo, que Sole está cambiando a Philipe para llevarlo al jardín, y me dan ganas de levantarme y empezar a moverme.
El pan de azúcar a mi derecha, el Cristo a mi izquierda
Ocho y pico estoy saliendo a trotar el primer turno con Sole, acá es incluso más fácil salir temprano que en Cachi, pareciera que el día se despierta antes más allá del reloj. Luego de recorrer juntos la avenida Almirante Ary Parreiras, un frondoso boulevar con un ancho canal entre ambas vías por donde corren las aguas de lluvia, no sé bien porque pero el olor es un poco feo, lo único que empaña el recorrido hasta la playa, nos dividimos en la entrada al túnel largo que traspasa el morro Cavalao yo entro y ella sigue hacía Icaraí. Desemboco en la playa San Francisco, de a poco me voy soltando a pesar del viento en contra, hay poca gente en la costa pero nunca falta alguien corriendo o alguien paseando, o ambas cosas. La vista de Río desde esta playa es mejor aún que desde Icaraí, se disfruta del Cristo coronando la ciudad y el pan de azúcar marcando la unión del mar y la bahía. Ya volviendo sombre mis pasos me encuentro con Sole y regresamos sueltos con el viento en nuestras espaldas, ahora atravesando el morro por el otro túnel que existe, conocido por su longitud con respecto al otro como “el corto”.
Con Edson el año pasado
Hoy ya estamos en condiciones de hacer doble turno, por la tarde salimos con Ezequiel, como siempre rumbo al mar por la av. Parreiras, en apenas algo más de diez minutos llegamos a la playa de Icaraí donde nos espera Edson, un amigo que conocí en mi estadía del invierno pasado y con el cual seguimos en contacto durante todo el año. Los tres subimos por la estrada Froes, es calle une las playas de Icaraí y San Francisco serpenteando entre el morro Cavalao y el mar, es una linda subida para luego bajar a la otra playa. Vamos cómodos por la bicisenda y al llegar a San Fancisco seguimos un poco más por la costanera. El ritmo fue más suelto pero la charla hizo que no diera cuenta ni de la velocidad ni del tiempo, cuando me di cuenta ya estábamos retomando para el departamento.
Bicisenda estrada Froes
Dos trotes, dos paseos, dos salidas con amigos, por eso nunca deja de causarme gracias cuando me dicen “¡Que fuerza de voluntad para entrenar tanto!”. Siempre pienso ¿Dónde está el esfuerzo? Salir a recorrer, charlar, compartir buenos momentos; soy un bendecido de poder hacerlo tantas veces por semana. Y no quiero ponerme trágico pero si entrenar es un sacrificio que queda para el que se levanta antes que el sol para ir a sumar largas horas de trabajo todos los días…

Pero volviendo al placer de correr, hoy fue de la forma que más me gusta, un placer compartido. 

jueves, 24 de julio de 2014

Crónicas cariocas I

Hace poco contaba como me llevó seis meses correr 3.000 kilómetros, hoy los hice en tres horas. La ciudad maravillosa, aún vibrando después del mundial de fútbol me recibió con un mediodía de 23° y me le reí de janeiro a la ola polar. Nuevamente por las calles de Río, disfrutando de esa ciudad que vive donde no hay lugar para una ciudad, donde los morros, las playas y la exuberante vegetación son las dueñas del terreno. Varios planetas se alinean para que los últimos inviernos me dé una vuelta por estás regiones; primero mi odio al frío, segundo visitar a mi entrenador y amigo, Ezequiel Morales, a su esposa y amiga, Soledad Omar, a su hijo y mi ahijado, Philipe Morales, sin olvidar a su mascota Román, juntos logran algo muy poco común, que me sienta como en casa, tercero sumar una buenas semanas de calidad a la pretemporada y cuarto competir en la carrera de 6k que es parte de la maratón internacional de Río de Janeiro, unos 42k que recorren toda la costa carioca, a la cual no solo se suma mi competencia sino también una media maratón. En total el evento reúne a más de 20.000 atletas en una fiesta que este domingo desbordará las calles de Botafogo.
MAC
Desde lo deportivo hoy solo fue una hora de trote paseando por la costa de Icaraí, la hermosa playa que se corona con el MAC, museo de arte contemporáneo, emblema de Niteroi diseñado por el célebre Oscar Niemeyer. Acompañado por Ezequiel, zigzagueamos entre la gente que salía a disfrutar de la playa antes de la cena, con la brisa marina sobre mi piel, sintiendo en el pecho el aliento del mar. La arena se erizaba de partidos de voley, fútbol, corridas, paleta, caminatas, y cualquier forma en la cual se pueda disfrutar del cuerpo y la arena. Ya desde la base del MAC la vista de la playa iluminada abrazando a las olas es impactante, toda la ciudad parece relajarse  en la calidad noche, contemplando la profunda oscuridad del océano; la imponente presencia de la naturaleza aún en plena urbe nos hace sentir diminutos y plenamente vivos.
Con Eze Morales en Cachi
La idea es estar por dos semanas, aunque ya me parece poco, y sumar kilómetros y vivencias. Así también contar en este blog el día a día como hice en el verano de Cachi, donde nacieron catorce crónicas a más de dos mil metros de altura. Seguramente habrá puntos en común y diferencias que la escritura se encargará de descubrir.

Sin dudas el entorno es estupendo para entrenar; infinidad de kilómetros bordeando el mar, desniveles de todas las pendientes posibles para trabajar la fuerza, una pista de atletismo sobre la bahía a la que volveré este miércoles, compañeros de entrenamiento y un paisaje que distrae cualquier mente cansada. Solo queda mover las piernas y disfrutar los pasos. 

domingo, 13 de julio de 2014

¿Qué nos produce la lluvia cuando corremos?


Pocos factores externos al correr son tan extremos en nuestras sensaciones como la lluvia. Si está diluviando no son muchos los que observan felices las gotas en la ventana mientras piensan en ponerse las zapatillas para salir a entrenar. Pero por otro lado, pocos entrenamientos se recuerdan tanto como una larga o dura salida bajo un chaparrón.
¿Por qué nos cuesta tanto salir, pero se disfruta tanto cuando lo hacemos? Y lo que me interesa en esta ocasión ¿Por qué ha veces es un impedimento para entrenar y a veces lo enfrentamos igual? Creo que la gran diferencia está en donde pongamos el foco a la hora de tomar la decisión. Si sólo pensamos en las frías gotas que impactarán en nuestra seca y caliente piel sin duda es una barrera difícil de quebrar. Pero si en cambio visualizamos antiguos entrenamientos bajo la lluvia, la satisfacción de terminar empapados un día duro, de haber vencido nuestros miedos y nuestra pereza, la felicidad que ya hemos sentido y tenemos la oportunidad de repetir. Sin duda así será mucho más sencillo dar los primeros pasos.
No se ven caras tristes bajo esa lluvia
Pero ¿Por qué nos deja contento correr bajo la lluvia? Si objetivamente es una condición que va en detrimento de nuestro rendimiento, además de la incomodidad dada por la temperatura e incluso el riesgo mayor de un accidente.
Creo que hay una profunda conexión entre la naturaleza y nuestra esencia animal al correr libres bajo el agua, nos reencontramos con una situación que nuestros ancestros han vivido por milenios. Incluso nuestra mente de atletas suele relajarse y desconectarse del reloj al saber que las condiciones no son óptimas, favoreciendo mucho más la percepción de nuestras sensaciones, lo cual magnifica la felicidad de correr. También el entorno suele calmarse con la lluvia; los ruidos bajan, el tráfico disminuye, mejorando la experiencia del entrenamiento. Incluso el saber que lo que detuvo a otros pudo ser superado por nosotros puede dar una satisfacción extra.
Cualquiera que haya vivido esa simple pero profunda experiencia de correr bajo la lluvia pudo sentir sobre la piel, y debajo de ella, estás sensaciones. Quizás el mayor motor para vencer la pereza de los primeros pasos es hurgar en nuestros recuerdos y proyectar esas satisfacciones en un nuevo entrenamiento, recordar lo felices que hemos sido y salir a buscarlo nuevamente.
Pasadas bajo la lluvia en la pista de ADAL
Así lo viví yo hace un tiempo, en una de mis salidas bajo lalluvia, un sábado por la tarde. Para que quien aún nunca lo vivió queda aprovechar la oportunidad de descubrir una nueva experiencia, el cielo nos regala, últimamente muy seguido, la posibilidad; está en nosotros salir a sentirla.